Distancia en la maternidad

Voces de madres - 9 de febrero de 2017

Distancia en la maternidad

Al volver de las vacaciones me encontré haciendo un balance de ellas con un amigo, y cuando le contaba lo que más me había costado de las vacaciones, me introdujo este término: Distancias.

Le contaba que me había sentido culpable y malagradecida por sentir claustrofobia durante los varios días de convivencia con mi familia política, pero que cuando lo sentí también con mi propia familia, la culpa logró hacerme sentir tan mal que mi autoestima rayaba el suelo.

Y él me habló de distancias.

Lo primero que me surge es que soy de la generación que se preparó para la maternidad absorbiendo principalmente la Crianza del Apego (que no es lo mismo que la Teoría del apego, espero poder ahondar en estas dos posturas en un futuro post. Mientras tanto los invito a visitar en Facebook a Taller para madres Círculo de Seguridad).
Entendía que cuanto más tiempo estaba con mis hijos, cuanto más cerquita estábamos, más seguridad iba a darles y más autoestima.

Lo segundo, es que soy argentina. Y no es menor el dato teniendo en consideración que en general abandonamos el hogar materno al formar una pareja, o en mi caso, soltera pero bien “entrada en años” y “en edad de merecer” como diría mi abuela.
Y aún cuando no vivamos con nuestra familia de origen, nos encanta hablar 249 veces al día: casi todas las personas que conozco tienen un chat familiar en whatsapp que les llena la pantalla de notificaciones, cuando nace un sobrino nos mandamos fotos hasta de la carita de dormido una vez que llegó a casa…después de su primer día de jardín!! (¿Pensaban que iba a decir carita de dormido de recién llegado a casa? Esa foto nunca la criticaría: hasta la imprimo en el álbum familiar y la subo a Facebook!)
Como decía una psicóloga que conocí en mis veintis, “vivimos pegoteados”. Y este pegoteo que muchas veces nos da seguridad, calorcito de hogar, nos sube el autoestima cuando nos rompieron el corazón por primera vez (o por tercera vez) pero muchas veces nos saca de nuestro centro, nos hace enfurecer, nos confunde y nos marea, y a veces nos hace perder nuestro norte, el NUESTRO, no el de nuestra familia, y nos hace tambalear.

En la maternidad, es crucial estar en nuestro centro. Y como la maternidad va de la mano de la paternidad, el centro de la pareja se convierte en algo casi de vida o muerte.
¡Pero qué difícil es encontrar nuestro centro y cuánto cuesta quedarnos en él! Todo parece hecho para sacarnos de allí.

Para mantenernos a flote como pareja, como padres de nuestros hijos, este concepto de “Distancias” nos trae una herramienta, un espacio que sana.

Distancias de nuestra familia de origen. No sólo distancia física, sino sobretodo distancia emocional.
Distancia de nuestra familia política. ¿Qué madre no se encontró cavilando que la suegra estaría juzgándola porque hacía todas las cosas mal? Creo que los padres se salvan un poco de este mal que aqueja a casi todas las mujeres que conozco…y en general la pobre suegra está solo pensando en las bondades del nieto recién nacido, o en sus propios problemas, o recordando algo de su propia maternidad. Notar que “en general” dije…no todas las veces. Por que de algún lugar salió esta sensación casi universal 😉

Si podemos encontrar una distancia prudente con los demás, sobretodo con las personas que más queremos, podemos permitirnos ser más nosotros mismos sin sentir que morimos en el intento.
Las que nos casamos con una fiesta grande, donde casi un año invertimos en organizar, sabemos que es imposible dejar a todos contentos, y que para disfrutar de los momentos importantes como este, y para vivirlos profundamente, es necesario hacer un poco de oídos sordos, retirarse un poco, meterse para adentro y escuchar lo que nuestro interior a veces nos dice bien bajito, y otras nos lo grita a los 4 vientos. Las que seguimos sin querer hacerlo, sabemos que muchas veces el no escuchar nuestro interior termina con alguna consecuencia en nuestro exterior, como un malestar físico o anímico.

Distancias. Y no hay una receta para todos.
Tenemos que tomarnos el tiempo de medir qué distancia necesitamos de cada persona y en cada situación.

Con nuestra pareja, qué distancia necesitamos para darnos lugar para ser cada uno quien es, para tener ganas de reencontrarnos, para mantener la familia a flote cuando al otro lo aqueja algún problema importante. Puesto en una imagen, sería como mantener la alegría en el hogar cuando el otro tiene la nube negra lluviosa de las historietas encima.

Con nuestros hijos, qué importante encontrar esa distancia que nos permite poder tomar aire para arremeter de vuelta valientemente a su encuentro, para poder seguir teniendo paciencia, para poder seguir alentándolos, para ser capaces de encontrar las cosas positivas que hacen y decírselos y no quedarnos en marcar todo lo malo que hacen y en la queja, que muchas veces es la hija del cansancio.

Creo que todos tenemos muchos ejemplos a mano…a mí el que más me aparece ahora es la paciencia para llevarlo al baño por 4ta vez en el día para mostrarle que el pipí se hace en el inodoro…cuando está intentando dejar los pañales! Y qué decir de la etapa de los 2 años, con los berrinches y la conquista de su autonomía y el Yo solito…! Es una etapa adorable, que llena de recuerdos y de fotos nuestro álbum familiar, pero que nos hace enfrentarnos muchas veces con un deseo de salir corriendo!

Y me queda preguntarme ¿cómo medir y mantener esa distancia? Y como muchas cosas en la vida, no existe la receta mágica, por lo cual calculo que será un poco de prueba y error. Pero si soñamos con una receta mágica, en la lista de ingredientes vamos a encontrar probablemente:

Mucha paciencia
Un poco de sosiego (tiempo sentados para pensar)
Otro poco de silencio
Una pizca de soledad (tiempo a solas)
Una buena cuota de observación (para poder entender qué está pasando, qué necesita el otro)
Bastante empatía (ser capaces de meternos en los zapatos del otro)
y sobretodo mucho, mucho amor.

Lucila, mamá de Tita y Kika