El embarazo: una experiencia revolucionaria

Voces de madres - 12 de abril de 2017

Pienso que una mujer al quedar embarazada queda “Revolucionada”, desde lo físico vive grandes cambios visibles y no visibles, desde lo emocional está sensible y substraída en una realidad de ensueño que desde chica tal vez la imaginó o simplemente la sorprendió. Ya no puede pensar por ella misma, es decir lo que come, lo que hace o deja de hacer la implica a ella y a su bebé. La mujer toma conciencia – o no- de que está en otra etapa, que algo ya cambió y que ese cambio es radical, nada vuelve a verse o a ser de la misma forma: ni su psiquis, ni su cuerpo, ni su pareja, ni sus tiempos, ni sus actividades. El embarazo es una crisis absoluta, de cambios de crecimiento. La mujer es atravesada física, mental y espiritualmente por el embarazo.

Espiritualmente se siente diferente: más profunda, más sensible a lo trascendental, la vida y su significancia se le presenta de otro modo y forma, todo tiene otro peso. Increíblemente cuando leo lo que escribo me doy cuenta que los adjetivos calificativos y descriptivos son: más, forma, modo y peso. Esos serían los grandes determinantes en la mujer embarazada. Una mujer embarazada por momentos se siente superada por el estado de gravidez, vulnerable, chiquita, desdichada, emocional; pero muchas veces se siente Reina, poderosa, bella, esencia, única, conocedora, profunda, elegida para ser esa mujer. ¿Cómo no sentir todo eso a veces o siempre? Los cambios y el hecho mismo de generar dentro de un cuerpo otro cuerpo, otra vida, otro ser, provoca, y no es para menos, que una a veces no sepa donde está parada. Una mujer deja de ser solo una mujer, ahora también será madre, su cuerpo está y estará por algún tiempo más en función de otro ser, que tiene sus necesidades y demandas, ella internamente sabe que tiene o que puede hacer, pero a la vez no sabe nada, así es ser madre un camino que se va haciendo entre el saber y en la propia ignorancia, una experiencia que se inicia y no se sabe cuando termina. Y en el primer trimestre desde que la mujer se entera, y la invade una emoción indescriptible hasta las náuseas y malestares propios, se colma de felicidad y de incomodidad, comienza a transitar – de verdad- un camino de aprendizaje y de descubrimiento, tanto por lo que otros le revelen, como por descubrirse a ella misma de una manera que no conocía.

Me animo a contarles algo: yo siempre tuve complejo con mi cuerpo, busto grande, espalda ancha, piernas fuertes… cuando me enteré de mi 1º embarazo, mi cuerpo pasó a tener otro valor para mi, lo comencé a cuidar, me ponía cremas, hacía ejercicios de yoga, los pocos que sabia, comencé a meditar y a visualizar. El año anterior a mí embarazo había hecho un seminario de Clown y me fue más que mal. En el 3º mes de embarazo intenté hacerlo nuevamente y me fue genial, estaba despojada de mis antiguos prejuicios de modelo de belleza que me estructuraban y no me dejaban disfrutar de mi cuerpo como instrumento para actuar. No tan solo me divertí como nunca haciendo esos 3 meses de Clown, sino que yo estaba en un lugar de no competencia y de privilegio, tanto en el grupo como conmigo misma. A veces cuando me siento tonta y no se como actuar trato de recordar como me sentía cuando estaba embarazada, no es egocentrismo o soberbia, la sensación de plenitud es única e incomparable, un poder natural donde la sensibilidad y el saber se unen para ser uno. Hoy a pesar de que siempre estoy aprendiendo a ser madre de mis hijos, agradezco haber transitado mis dos bellos, y únicos embarazos el de mi hija y el de mi hijo. Gracias a ellos me sentí única, reina, poderosa, y superlativamente feliz.

 

 Lic. Sandra Palomares -Psicóloga

Instructora en Psicoprófilaxis Obstétrica, embarazo y postparto sistema Natal. Doula

 licenciadapalomares@gmail.com