La música de suspenso en la maternidad

Voces de madres - 31 de octubre de 2016

Hace poco terminé un taller para padres que se llama Círculo de Seguridad.

Los asistentes éramos los padres de los compañeros de jardín rodante de mi hija mayor. El año pasado habíamos tenido una clase especial cuando 3 de los 4 compañeritos de jardín habían tenido un hermanito.

Este año hicimos un taller abreviado en dos encuentros del Protocolo Internacional COS. La psicóloga que guiaba los encuentros, que merece un post aparte por la calidez y sabiduría con la que nos recibió, nos pudo hacer reflexionar y adentrarnos un poquito en nuestro ser, y logró que 8 padres pudiéramos parar la pelota de la rutina por un rato, y dedicarnos a observarnos y tratar de conocernos un poco más para poder ayudar al autoestima de nuestros hijos.

Y hoy me gustaría escribir sobre un elemento clave del taller: la música de suspenso.

La música de suspenso en la maternidad

La música de suspenso en la maternidad nos hace sentir solas

Con ella se refieren a esa música, al mejor estilo Tiburón I, II y III, que aparece en nuestro interior en ciertas situaciones, sin avisar, y nos toma, se apodera de nosotros, nos hace temer que nos acecha un tiburón, Freddy Kruger o, en el peor de los casos… la suegra.

La música de suspenso es como un filtro que no nos deja ver la realidad tal como es, sino que la tiñe de un color especial. En mi caso son como luces de boliche que no me dejan ver…y la sensación que tengo es que me faltan mis antejos (soy chicata), que no veo bien, a veces hasta creería que pierdo el equilibrio y mi poder de escucha.

Seguramente todos podemos encontrar momentos en nuestros trabajos, en nuestra infancia (como en el colegio cuando aparecía la profesora y decía “Hoy prueba sorpresa… a ver…” ) donde aparece el chan chan chan chan chan channnn tan temido….

Pero lo que veíamos en el curso es qué pasa cuando aparece en las situaciones relacionadas con nuestros hijos.

Y lo que genera ese terror que va surgiendo en nosotros,   es que nos desconectamos de nuestros hijos, que dejamos de verlos a ellos (porque claro, recuerden que es como que nos saquen los antejos, o que apaguen las luces, o aparezca un remolino que empieza a hacer volar todo por el aire)… y así, lo mas probable es que las acciones que hagamos bajo su hechizo no sean las que haríamos en “nuestra vida normal”, y que cuando pase no nos reconozcamos, y lo peor es que seguramente nos vamos a arrepentir, sentir culpable, querer llorar y no saber cómo hacer para volver el tiempo atrás!

Y ustedes pensarán que esta música de suspenso aparece cuando nuestros hijos están caminando al filo del abismo, o cuando un médico nos está por confirmar que tienen una enfermedad letal.

Pero no. La música de suspenso aparece en situaciones que los de afuera nunca percibirían como “peligrosas” pero para nosotros son infiernos. La bendita musiquita puede aparecer casi todos los días, o todas las semanas, y ojalá en algún momento me toque, solo una vez por mes.

En mi ejercicio apareció que mi música de suspenso aparecía por ejemplo en la plaza. Para mi llegar al arenero, bajar a mi hija del cochecito y enfrentarme con las mamis de la plaza me hace sentir como si me estuviera bajando los pantalones en la 9 de julio. (Y ni siquiera…porque en la 9 de Julio, los que me verían probablemente serían desconocidos, en cambio en la plaza son las mismas familias casi todos los días).

La temida pregunta: “Cuántos años tiene?” que siempre llega aunque algunas veces se demore mas que otras veces, me hace temblar las piernas. Y su secuaz “y todavía no se..?” qué decirles.

Tener un niño con capacidades diferentes, aunque no se vean a simple vista, me hace temer el encuentro con madres que no me conocen, o a veces hasta con mis mas amigas, que sin quererlo pueden poner en evidencia la “diferencia” o la “distancia” de mi hija hacia los “hitos que un niño debería adquirir para su edad” y que siento como un puñal directo al corazón.

A veces estoy mejor, mas entera, más armada como para recibirlas, y hasta me admiro cuando puedo contestar sin incomodarme. Pero en general vivo el rato en la plaza como una puesta a prueba, como una bomba a punto de estallar (porque siempre temo que alguna vez le rebolee un zapato o un balde de arena a alguna que mire de reojo a mi hija, o a mi).

Y no es que la gente es malísima y hace preguntas que no debe. Para nada. Al revés. Soy yo la que siente la música de suspenso, cuando otras solo escucharían una pregunta, que si quieren contestan y si quieren no, yo me siento juzgada, culpada por si mi niña llegó a ese estadío o no. Cuando no caminaba creía que me iban a juzgar como mala madre, o que le iban a tener lástima. Cuando empezó a caminar, pero no paró (literalmente: no paró de caminar) sentía que me miraban mal como si le hubiese dado cocaína a mi hija, o que no la estaba conteniendo o corriendo lo suficiente como para que ella bajara los decibeles. Este es el tema de la música de suspenso… a cada una aparece en situaciones distintas.

En el taller nos hicieron hacer algunos ejercicios para ayudarnos a descubrir qué situaciones disparan la música de suspenso…porque parece que aunque toda la vida vamos a escucharla en alguna situación, lo bueno es que podemos bajarle el volumen. No la dejaremos de escuchar probablemente, pero vamos a reconocerla, y vamos a poder darnos cuenta que no está ahí para aguarnos el día, sino que actúa como balizas en la ruta…nos avisa que algo va a suceder, que tenemos que bajar la velocidad, prestar atención, y esperar a ver qué hay.

Por ahora, como todavía no puedo bajar el volumen, sino que vuelvo de la plaza estresada, cansada, habiéndome comido cuanta galletita encontré, muchas veces habiéndole gritado a mi hija (o habiéndole gritado a media plaza… en mi interior claro, nunca para afuera, no vaya a ser cosa que se den cuenta del monstruo que soy), lo que decidí es que no voy más todos los días a la plaza. Y si voy, no organizo más encuentros con amigas para juntarnos en la plaza. Trato de ir un ratito corto (cortísimo) y si es posible evitar los horarios concurridos. Así puedo manejarlo mejor, puedo jugar y hasta divertirme, y volver a casa mas descansada.

Ojalá algún día pueda ir a la plaza a llevar a mis hijas “cuando pinte” o cuando ellas quieran. Pero, al menos sólo por hoy, no puedo.

Lo bueno de haberlo visto en el taller es que me alentaron a de dejar de culparme o criticarme a mi misma por sufrir como sufría cada vez que volvía de la plaza. Me siento mas cerca a dejar de sentirme un bicho raro por no disfrutar la plaza.

Y ahora cuando alguien me invita a la plaza, puedo decir más tranquila: no gracias, no me gusta ir a la plaza.

Lucila, mamá de Tita y Kika

 

¿Les pasó alguna vez? ¿Cuándo oyen su música de suspenso?

 

Para más información acerca del taller COS:

https://www.facebook.com/Taller-para-Madres-C%C3%ADrculo-de-Seguridad-1564948697126025/?fref=ts (cada semana en su página de Facebook suben notas muy interesantes y reflexiones profundas). 

O escriban a tallerparamadres.cos@gmail.com  y/o belenlopezmedus@gmail.com

 

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